INFORMACIÓN ADICIONAL SOBRE LAS ALCACHOFAS

Cynara scolymus, la alcachofera, alcachofa o alcaucil. Es una planta herbácea del género Cynara en la familia Asteraceae; es cultivada desde la antigüedad como alimento en climas templados. Las alcachofas son un alimento con poder alcalinizante gracias a su riqueza en minerales como calcio, magnesio, potasio, fósforo, fibra y vitaminas. Aporta además vitaminas del grupo B–B1, B6 y ácido fólico– y algo de vitamina C.

PROPIEDADES DE LA CALABAZA

Regeneradora del hígado
Con un sabor exquisito, entre dulce y amargo, la alcachofa, comida con regularidad, incrementa la secreción biliar y la irrigación sanguínea del hígado, lo que ayuda a digerir mucho mejor. Gracias a la cinaropicrina y la cinarina, dos de sus principios activos, favorece la regeneración de las células hepáticas. Mejora además las digestiones lentas, que provocan la sensación de estar lleno y también es un remedio excelente en la convalecencia de las hepatitis y contra la hidropesía (hinchazón del abdomen por acumulación de líquido). Pero además de estos efectos depurativos para el hígado también está muy indicada en los siguientes casos:

  • Alteraciones renales:  La alcachofa incrementa la diuresis y la excreción de urea (sustancia tóxica que se produce en el organismo como resultado del metabolismo de las proteínas y que debe eliminarse con la orina). Cuando se perturba la función renal, el nivel de urea aumenta en la sangre y puede originar dolorosos ataques de gota. También es muy útil contra la retención de líquidos con oliguria (producción escasa de orina).
  • Colesterol : Disminuye la tendencia del colesterol a depositarse en las paredes de las arterias, por lo que ejerce un efecto preventivo de la arteriosclerosis.
  • Diabetes:  La alcachofa es hipoglucemiante y rica en inulina, un hidrato de carbono fácil de asimilar por los diabéticos.
  • Afecciones de la piel: Muchas dermatitis desaparecen o mejoran tras estimular los procesos de desintoxicación hepática. El consumo de alcachofas puede mejorar afecciones crónicas de la piel.

En definitiva, la alcachofa es una hortaliza de muchos usos terapéuticos y culinarios. Solo tener en cuenta algunas cosas para evitar su deterioro: conviene evitar los hervores prolongados, pues la sobrecocción afecta a su sabor y textura. Y, una vez cocida, tampoco debe guardarse, porque la coloniza un hongo de color grisáceo llamado bremia que podría resultar nocivo para la salud.

 

LA DAMA VERDE

Un texto de Pedro Casamayor

El aire ya colorea de amarillo entre las ramas de los granados. La última guarida de la luz en una tierra que empieza a enfriarse. Que pide cada noche, entre bostezos, escarcha y el ruido de algún ratoncillo, el calor de una manta con la que tapar al sol de noviembre. Son las tardes, a lo lejos, la desnudez de unos álamos donde los estorninos se convierten en sombras del tamaño de hojas, que se mueven sin cesar hasta que encuentran la compañía de otra sombra hermana con la que dar calor al sueño.

De la ceremonia que huele a humedad y tierra removida. De las entrañas de un huerto inundado de silencio y de lunas, surge la Dama Verde. En un principio su plumaje se mostrará tímidamente surgiendo del centro ardido de la tierra. Como un cálamo en manos inexpertas que, con la práctica y la tinta, comienza a hacer giros elevados sobre un fondo blanco. A construir con el abecedario cielos poblados de piruetas y pájaros.

Ante el gris de la mañana la Dama Verde no tiene prisa en salir. Nadie como ella para saber que hay que desvelarse poco a poco. Que la llegada a la luz tiene que ser lenta y dilatada cuando te espera un desenlace con forma de flor. Porque ese es el final que le espera. Ser una flor color aceituna, recluida, velo sobre velo, en una antorcha a la que iremos despojando de carne amarga hasta llegar al corazón, a esa metáfora dulce que habita el centro de un templo.

Las gotas de rocío más grandes juegan a deslizarse por la piel recién encerada de las pencas de alcachofa mientras que, las más pequeñas, hacen de piedra de lavadero donde se refrescan la cara y las patas grillos y escarabajos. El agua guarda la memoria. Un espejo en el que veo a una madre junto a su hijo pequeño paciendo, en los ojos, el verde de una pradera. Bien abrigados, con gorro de lana y bufanda, comen entre risas pétalos de tiernas alcachofas. La madre enseña al hijo una lección sencilla pero imborrable. Lo inicia en el mundo de las sensaciones y de las cacerolas a través de una flor. Hijo mío: al comer crudas las alcachofas surgirá en la boca un sabor en el que se enfrentan dulce y amargo. El aroma de los opuestos quedará unido en tu saliva para siempre. Recuerda, este es el sabor del que están compuestos dioses y hombres.

    La Dama Verde hará surgir yemas a lo largo del caballón además de palabras, femenino plural, que en la boca de una mujer regarán de paz el mundo mientras, gota a gota, peina y desenreda su melena. En los ojos de nuestra Dama, enseguida el huerto se ordenará por surcos. Por líneas donde subrayaremos con carbón de colores, como en un libro de poesía, los detalles y los versos más hermosos. Con lápices verdes marcaremos las ortigas más tiernas y diminutas, con naranja haremos un círculo sujetando el aura a las caléndulas y con amarillo recalcaremos la zona donde los vinagrillos darán a luz los miles de átomos de sol que llevan dentro.

El último acto llevará el brillo de un cuchillo y una ofrenda a nuestra mesa. La de una jarra de cristal con tres alcachofas que observan erguidas, tras la ventana, el jaleo de una pandilla de verdecillos.

    La Dama Verde se abrirá poco a poco como una de tantas flores que ponemos en agua para alegrarnos la monotonía. Morirá entregando su interior más acolchado a la humanidad. Reteniendo en sus ojos la alegría y el bullicio de una cocina repleta de tazas de porcelana desconchada, de granitos de azúcar de mil fiestas de cumpleaños y boleros llorados con vino.

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